Eryx DeCostello
New York
La angustia y la desesperación me estaban volviendo loco, regresé a dónde estaba mi limusina afuera del hotel de Ava y subí a bordo para pedirle a mi chofer que hiciéramos un recorrido, por dónde fuera para ver si lograba dar con Ava.
– ¿Podemos ir lo más lento que se pueda por favor?
Abrí las ventanillas para que me diera un poco de aire, pues sentía que me ahogaba con todo ese desastre en el que estaba metido.
–Claro que sí, señor.
Mientras recorría la ciudad de New