– En nada importante – dijo mientras revolvía su trago en el bar del hotel
– ¿Te molestó que viniera a verte? – preguntó la joven rubia de unos ojos negros que parecían la misma noche
– No, ¡qué va!, Carolina, solo me sorprende
– ¿Porque? Tesoro, vine porque sabía que estarías aquí. Pues todo el mundo sabe que Ernilam se encuentra en Perú y en que hotel. Solo tuve suerte y me dejaron entrar.