Los días pasaron con rapidez y la presión aumentaba con cada hora que los separaba del juicio. Brooke se despertó temprano esa mañana, sintiendo un nudo en el estómago. Aunque trataba de mantenerse firme, la realidad de lo que estaba por enfrentar la golpeaba con fuerza.
Enzo estaba a su lado, observándola en silencio mientras ella miraba el techo con la mirada perdida.
—¿En qué piensas? —preguntó, acariciando suavemente su brazo.
Brooke suspiró.
—En lo que tengo que decir en el juicio.
Él