Al oír eso, la sonrisa se le borró de los labios a Valeria.
Arrugó la frente y miró a Sofía con incredulidad, sin saber qué decir por un instante.
—Sofía, ¿viniste nomás a molestar? Tu hermana solo se preocupa por ti. Bien que te aferraste a Daniel por tres años, y perdiste toda la dignidad por él, ¿y al final qué? Terminaste regresando sola y humillada, ¿no?
Eduardo rodeó a Valeria con un abrazo protector, mientras sus palabras mordaces iban directas a la herida de Sofía.
Las voces atrajeron pr