Sarah
—Sí, soy yo —Xavier respondió la llamada aún acostado, con la cabeza recostada en la almohada—. Sí, ella es mi hermana —permaneció unos segundos en silencio—. ¿¡Qué!? —se sentó de un movimiento brusco; el teléfono casi se le cayó de las manos, pero lo acomodó de nuevo en su oído—. Iré de inmediato —se levantó sin darme explicaciones; yo también me incorporé.
—¿Qué ha pasado? —me acerqué a él, que ya había entrado en el vestidor.
—Nada. Vuelve a la cama —su voz temblaba. Estaba desnudo, re