Sarah
Estaba a punto de correr hacia Ryan. No podía creer que se me hubiese pasado por la mente dejarlo solo; yo era la causante de que estuviera allí, tendido en el suelo, inconsciente y malherido. Lo mínimo que podía hacer era no abandonarlo. Di un paso inseguro, luego otro y otro más. Cuando finalmente me decidí a correr, alguien me agarró del brazo con fuerza. Al darme la vuelta, la visión de unos dientes podridos me provocó arcadas.
—¡Dame la bolsa! —espetó la boca de dientes negros, que p