No puedo hablar, pero tampoco puedo quedarme en silencio.
Hay momentos en la vida de un hombre en los que de repente se da cuenta de que se ha convertido en alguien a quien habría despreciado años atrás. Solía creer que la traición pertenecía a los hombres débiles, hombres que carecían de disciplina, hombres que perseguían la emoción porque eran demasiado tontos para apreciar la paz. Solía mirar a los adúlteros con desprecio. Solía pensar que la lealtad era sencilla. Amabas a tu pareja. Le eras