Los tacones de Avery resonaron furiosamente contra el pavimento al acercarse a la conocida fachada de la casa de sus padres, arrastrando su equipaje como una compañera reticente. La puerta principal se abrió de golpe antes de que pudiera siquiera alcanzar el pomo.
"¡Mamá!" gritó Avery, con la voz teñida de frustración y derrota.
Dora se quedó en el umbral, con una ceja perfectamente depilada arqueada por la sorpresa. "¿Qué pasa? ¿Por qué has vuelto con...?" Su mirada se posó en la maleta. "Tu b