Los nudillos de Dora golpearon con fuerza contra la pulida puerta de roble de la opulenta residencia suburbana de Cathleen y Xavier. La grandiosidad de la casa se alzaba sobre ella, una manifestación física del lujoso estilo de vida que esperaba asegurar para su hija Avery. Presionó la nariz contra el portal de vidrio biselado, esforzándose por captar un vistazo del inmaculado interior que sin duda aguardaba adentro. Con un fuerte chirrido, la puerta se abrió, revelando un vestíbulo revestido d