7: Una sola noche.
En cuanto llego a casa, al estar todo en silencio y a oscuras, dejo mi cartera de mano guindada del perchero, me quito las zapatillas junto a mis medias cortas y posterior a ello comienzo a caminar con cautela hacia la cocina.
Debo al menos lavarme la cara después de literalmente haber huido de la noche que jamás esperé en mi vida tener siendo una mujer casada.
“Lo que es igual no trampa”, me repito mentalmente. Aunque no haya sido igual porque de ninguna manera puedo creer que lo que estoy si