13: Modo automático.

Lentamente subí mi vista. Mis labios estaban húmedos, la situación me sobrepasaba hasta el punto de sentir que mi cuerpo podía derretirse por su olor, por su respiración y por la manera en la que con su mano derecha tomó mi cabello con delicadeza, lo acarició, bajó a mi frente, mis orejas, de forma hipnotizada; su dedo llegó a mi nariz, se deslizó y pisó mis labios para pasarse la lengua por los suyos, pero finalmente desconectó nuestra mirada.

A ambos nos estaba doliendo más que nuestras ganas
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