Había supuesto que Samuel llegaría en su silla de ruedas. Sin embargo, estaba muy equivocada. Samuel había abandonado aquella silla; ahora estaba de pie con una elegancia imponente, enfundado en un traje negro que ceñía a la perfección su atlético cuerpo.
Yo, que ya lucía espléndida con un elegante vestido rojo, caminé hacia él con paso firme. Estaba completamente convencida de que esta noche no sería Bianca el centro de atención, sino nosotros.
Era cierto: la aparición repentina de Samuel De