Mundo ficciónIniciar sesiónAún me resulta imposible creer que el destino me trajera hasta Samuel. Aquel joven de porte sereno y distinguido resultó ser el esposo de mi pequeña Emelia.
Dios mío... Llevaba décadas sin ver el rostro de mi hija. Décadas encerrada, sin escuchar ni una sola palabra sobre ella. Y ahora, aquella criatura de piel rojiza que un día dejé en el umbral de un orfanato había crecido, se había convertido en mujer y se había casado.Debo confesar que durante todo el trayecto me debatí entre l






