—No encuentro mi otro zapato.
La voz de Zoe se escuchaba por toda la casa, a partes iguales pánico y drama de niña de diez años, y Bianca la encontró sentada en medio del piso de su cuarto rodeada de la mitad de su clóset, un pequeño zapato blanco apretado en su mano como evidencia.
—Todavía nos quedan tres días —dijo Bianca con delicadeza, agachándose junto a ella—. Lo vamos a encontrar.
—Pero qué tal si no lo encontramos. Qué tal si tengo que caminar por el pasillo con un solo zapato y todo