Daniel se quedó helado al escuchar el sonido, el vaso a medio camino hacia su boca, algo parecido al miedo cruzando rápido su rostro antes de que pudiera alisarlo.
—¿Estás esperando a alguien? —preguntó Bianca.
—No. —Dejó el vaso con cuidado, demasiado cuidado, esa quietud particular de un hombre haciendo cuentas en su cabeza—. Quédense aquí.
Cruzó hacia la puerta y miró por la mirilla, y lo que fuera que vio hizo que sus hombros bajaran medio centímetro, alguna tensión abandonándolo que Bian