—Has hecho esto más difícil de lo que tenía que ser.
Daniel estaba esperando afuera de la escuela de Zoe la tarde siguiente, recargado contra su auto como un hombre que había ensayado la pose frente a un espejo. Bianca se detuvo a tres metros de distancia, manteniendo la distancia a propósito, sosteniendo la mano de Zoe aunque su hija ya estaba jalando hacia la puerta donde Lily la saludaba con la mano.
—Ve, cariño —dijo Bianca, agachándose brevemente a la altura de Zoe—. Ya voy.
Zoe corrió,