—Diga su nombre para que conste en acta.
—Rosalind Okafor.
Bianca la observaba desde la galería, las manos entrelazadas con fuerza en su regazo, Ethan a su lado, tan cerca que su hombro se apoyaba contra el de ella. Rosalind estaba sentada muy erguida en el estrado de testigos, con una compostura que Bianca reconocía ahora, la quietud particular de alguien que había ensayado ese momento en su cabeza cientos de veces durante tres largos años.
Bianca contó sin querer, la vieja costumbre resurgi