Fue muy tarde para cuando el Conde Heliar llegó.
¡El carruaje de carga había sido asaltado!
—¡VAYAN TRAS ELLOS! —gritó exigente el Conde.
Hombres a caballo que parecían ser delicuentes de algún grupo de pueblo o mercenarios contratados, llevaban al rehén que con tanto esfuerzo el Conde obtuvo y ocultó hasta del mismo Rey Maitano.
"¡¿Qué se supone que haga ahora?!"
"¡Jamás esperé un ataque en medio camino hacia la tierra de Heliar!"
Pensó el Conde frustrado.
—Volvamos a la capital, mi Lord