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Los ojos verdes esmeraldas de esa mujer de 42 años se posaban en las flores de su jardín.
Ella que estaba sentada en una cómoda silla acolchada dentro de ese kiosko del elegante jardín, tejía uno más de sus tapetes que normalmente hacia como pasatiempos ya que la ayudaba a estar relajada.
La princesa Valentina Burgot que tejía una réplica de la misma flor que veía cerca, se quedó inmóvil al ver a su hermano acercarse por la acera larga que llevaba a ese kiosko blanco en el jardín.