CAPÍTULO 45: NO ME COMPARES CON ÉL
Maxwell
Abro los ojos en el momento en que escucho la voz de una enfermera despertándome para ponerme algún medicamento. El cuerpo me duele como la mierd4 y no recuerdo demasiado de lo que ocurrió anoche. No obstante, el perfume de Hannah todavía permanece en mi ropa. Poco a poco los recuerdos de hace unas horas asedian mi memoria.
—Buenos días, señor Kingsley, ¿cómo se siente? —me pregunta la enfermera.
—Como si un hipopótamo se hubiera ensañado conmigo —resp