61. Una agónica confesión
Se paró recta en su asiento, tratando de mantener la calma. Escucharía lo que tenía para decirle y luego decidiría qué hacer.
—Así que sí había una razón, sabía que tenías una razón. Normalmente las amantes no luchan con tanta fiereza como tú, casi era personal —comentó suspicaz.
Ella asintió, con tristeza en su mirada.
—Nuestros padres... quiero decir, mi padre y tu madre fueron amantes. Todos estos años mi madre sufrió muchísimo por eso: cayó en el alcoholismo. Me veía y solía gritarme que me