Raymond despertó de golpe, jadeando. Su respiración era pesada y su cuerpo estaba empapado en sudor.
Se agarró el cabello y gruñó mientras le palpitaba la cabeza.
La pesadilla había vuelto a atormentarlo.
—Bebé. —Brielle le tocó el hombro, pero él se sacudió su mano de encima.
—Lárgate —dijo con frialdad.
—¿Estás bien? —preguntó ella.
—¡Dije que te largues de una puta vez! —espetó, poniéndose de pie para ir al baño desnudo, revelando su atractivo torso.
Brielle agarró su ropa, se vistió y se fu