13. El primer paso al plan
Lorenzo
Los dados chocaron contra la mesa con fuerza. Si pudiera, los haría añicos con mis propias manos. La frustración bullía dentro de mí mientras observaba con desinterés a la mujer que bailaba para mí. Sus movimientos eran sensuales, diseñados para provocarme, pero mi deseo no se encendía por ella. No por esa mujer.
La única que quiero en mi cama tiene unos ojos azules tan intensos que parecen esculpidos por los dioses. Su cuerpo es una obra de arte, delgado y perfectamente moldeado, c