Las palabras fueron duras, el corazón de Logan se estrujó en su pecho. Estaba desolado por el odi0 y la ira que había en esos ojos claros que alguna vez lo miraron con amor y ternura.
—Puedes odiarme todo lo que quieras, pero no me voy a ir, no sin mis hijos y como todo lo agarraste a juego, hoy mismo me los voy a llevar.
—¡No puedes llevarte a mis hijos, lo sabes bien! —Gritó tras de él llena de pánico.
—Probemos. —Con esa última palabra que le cayó a Isla, como un balde de agua fría salió