—¿Es necesario que vayas a trabajar? —Elkin la miró enojado. —Llevas una semana sin ir, no tienes por qué volver, sabes que no necesitamos ese dinero. Isla, por favor, para esto. —Ella lo miró alterada, no es como que a Logan Morrison se le pudiera detener así nada más.
—Compró la casa vecina, Elkin. —Se sentó en la cama y lo miró derrotada. —Me juró que vendría aquí todos los días, no me dejaría en paz y de renunciar a mi trabajo, me quitaría a mis hijos. ¿Qué más puedo yo hacer? No los voy a