— Déjame demostrarte que puedo ser el hombre de tu vida, déjame conquistarte y enamorarte, como debería haber sido desde el inicio. Comencemos de nuevo— la miraba intensamente con amor y pasión.
— Henry, yo no pertenezco a tu mundo. Sé que algún día vas a recuperar todo lo que te pertenece, volverás a subir a la cima y ser el orgulloso heredero que siempre debiste ser y yo… yo seguiré siendo la esposa coja, fea y huérfana.
Eva se atrevió a acariciar su fría mejilla y hablarle por primera vez de