Tenía la espalda empapada en un sudor frío y esperaba que esta escaramuza le saliera bien.
No le iba a dar tiempo esconderse y sería pillada por ese violento hombre.
Obviamente, no la iba a tratar como a su esposa, pero ya Helen se había involucrado demasiado en los asuntos de los Edwards y conocer demasiados secretos nunca era bueno.
Como la escalera al tercer piso le quedaba cerca, se acercó apresuradamente y en vez de bajar completamente, descendió algunos escalones y se giró, como si casual