RYLAN
Mierda, era adorable. No solo adorable, también increíblemente sexy. Pero había algo en la forma en que me miraba, en cómo su boca parecía siempre a punto de curvarse en una sonrisa, que me hacía querer hablar con ella.
—Hola, Clementine —dije cuando levantó la vista hacia mí, parpadeando como si yo fuera una especie de visión.
Ella miró su placa con su nombre, de donde yo había descubierto su hermoso nombre. Luego volvió a mirarme.
—Hola —dijo—. ¿Puedo… puedo traerte algo? Creo que la co