Justo a las 10 de la mañana, el sedán gris que conducía Kalila llegó frente a la imponente mansión de la familia Julian.
Kalila se había tomado la molestia de venir porque tenía que cambiarle el vendaje y asegurarse de que Julian tomara su medicación con regularidad.
Mientras abría la puerta de su coche, Kalila miró el reloj que llevaba en la muñeca. "Ay, seguro que he llegado muy tarde".
"Espero que Julian no esté durmiendo", deseó, mientras se apresuraba a entrar en la mansión super lujosa de