La primera grieta

Una semana después.

—Tu marido se está acostando con mi hermana.

Lena escuchó el mensaje de voz tres veces. La voz era femenina, temblando de rabia o de dolor —no podía distinguir cuál.

Mi nombre es Kira Vance. Sasha es mi hermana mayor. Tengo pruebas. Fotos, el recibo del hotel del martes pasado, cuando te dijo que estaba en Chicago. Llámame.

El pulgar de Lena se detuvo sobre el botón de llamada.

Luego dejó el teléfono. Caminó hacia la ventana. Miró fijamente la casa de huéspedes.

Michael estaba en el balcón, observándola.

Llamó a Kira.

—Cuéntame todo —dijo Lena.

Una hora después, Lena tenía una carpeta llena de pruebas.

Kira le había enviado todo por correo —fotos de James y Sasha en ascensores, en restaurantes, en cama; recibos de hotel con la firma de James; mensajes de texto donde James prometía dejar a Lena antes de que terminara el año.

El último la hizo reír.

Llamó a Michael.

Su voz fue terciopelo. —Te lo dije. Nunca fue tuyo.

—Lo sé. —La voz de Lena era firme—. Quiero destruirlo. Pero necesito más. El acuerdo prenupcial dice que la infidelidad tiene que ser flagrante y pública. Unos pocos recibos de hotel no serán suficientes.

—Entonces la hacemos pública. —La voz de Michael se agudizó—. La Gala de la Fundación Kaelen es en dos semanas —quinientos invitados, prensa y cámaras. Lo exponemos allí.

—¿Cómo? —preguntó Lena.

—Sasha entra con James. Kira los confronta en la alfombra roja. Tú le entregas los papeles del divorcio delante de todos.

El corazón de Lena latió con fuerza. —Me va a matar.

—Lo intentará. —La voz de Michael bajó—. Pero por eso no estarás sola.

Esa noche, Lena no pudo dormir.

Caminaba de un lado al otro del dormitorio principal, con la carpeta de pruebas apretada contra su pecho. Las paredes se sentían más delgadas que de costumbre. Podía escuchar a James en su estudio discutiendo con alguien. Luego un golpe. Vidrio rompiéndose.

Se acercó a la puerta. Apoyó el oído contra la madera.

—Te dije que te mantuvieras alejado de ella. —La voz de James. Furiosa.

—No te pertenece. —Michael.

—Es mi esposa.

—Solo de nombre. Y no por mucho más tiempo.

Lena abrió la puerta.

James tenía a Michael contra la pared, una mano alrededor de su garganta. Michael no se resistía. Sonreía.

—Lena —dijo James sin mirarla—. Vuelve a la cama.

—Suéltalo —dijo ella.

James se giró —sus ojos estaban desbocados. —¿Qué dijiste?

—Dije que lo sueltes. —Lena avanzó hacia el pasillo. No llevaba bata. Solo un camisón fino. No le importó—. Necesitamos hablar.

James soltó a Michael. Lo empujó.

—Lárgate —le dijo a su hermano.

Michael miró a Lena. Ella asintió una vez.

Él se fue.

James se volvió hacia ella. Su rostro era ilegible. —¿De qué quieres hablar?

Lena levantó la carpeta.

—Del divorcio —dijo.

La palabra resonó por el pasillo como un disparo.

James miró la carpeta. Luego la miró a ella. Luego soltó una carcajada.

—¿Crees que puedes dejarme? —Dio un paso hacia ella—. ¿Crees que tú decides cuándo termina esto?

—No estoy pidiendo permiso. —La voz de Lena no tembló—. Tengo pruebas. Fotos, testigos, recibos de hotel. Me has sido infiel desde la noche de bodas. El acuerdo prenupcial queda nulo.

El rostro de James se puso blanco.

—¿Dónde conseguiste eso? —susurró.

—¿Importa? —preguntó Lena.

Se movió más rápido de lo que ella esperaba. Su mano se cerró alrededor de su muñeca —demasiado fuerte. Con fuerza suficiente para dejar moretones.

—¿Dónde lo conseguiste? —repitió.

Lena no pestañeó.

—Del hermano en quien deberías haber confiado más que en mí.

La presión de James aflojó. Sus ojos se abrieron.

—Michael —susurró—. Michael te dio esto.

—Michael me dio la verdad —dijo ella.

James la soltó y sonrió. Su rostro ya no estaba enojado. Era algo peor.

—Crees que te ama —dijo James en voz baja—. Crees que te está salvando.

—Creo que es el único en esta casa que ha sido honesto conmigo —respondió Lena.

James volvió a reír.

—¿Honesto? —Sacudió la cabeza—. ¿Quién crees que le pagó a Sasha para seducirme? ¿Quién crees que me presentó a Kira? ¿Quién crees que ha estado orquestando cada aventura desde la noche de tu boda?

La sangre de Lena se convirtió en hielo.

—Michael —dijo James—. Mi hermano me ha estado tendiendo una trampa desde el día que te casaste conmigo. Porque quería que me odiaras. Porque quería que corrieras hacia él.

—Estás mintiendo —respondió Lena.

—¿Sí? —James sacó su teléfono y giró la pantalla hacia ella. La conversación entre Michael y Sasha. Antes de la boda.

La visión de Lena se nubló.

—Te manipuló —dijo James en voz baja—. Nos manipuló a los dos. Y tú caíste de lleno.

—No —susurró ella—. No, él no haría…

—Sí lo haría. —James guardó el teléfono—. Ahora tienes una elección. Quedarte conmigo. O correr hacia el hombre que te ha estado mintiendo desde el principio.

Lena miró la carpeta entre sus manos.

Pruebas.

Todo plantado.

Todo falso.

Pensó en los ojos de Michael en el jardín. La memoria USB. Las fotos. Las promesas.

No soy él, había dicho. No quiero poseerte.

Pero sí quería.

La había querido poseer desde el principio.

Lena soltó la carpeta. Los papeles se esparcieron por el suelo como hojas caídasr.

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