—No puede ser en serio —susurró Lena, con la servilleta de cóctel temblándole entre los dedos.El hombre al otro lado de la mesa de champán soltó una carcajada suave, y a ella el estómago se le dio vuelta.—Oh, hablo muy en serio, palomita. —Se inclinó hacia adelante, lo suficientemente cerca como para que su colonia —algo costoso y ahumado— se enroscara a su alrededor como un lazo. —Sorpresa.La sangre de Lena se convirtió en agua helada.Conocía esa risa. Conocía esos ojos, afilados como vidrio roto, del color del bourbon bajo una luz tenue. Conocía la manera en que su boca se curvaba justo antes de decir algo devastador.Seis meses atrás, había despertado junto a esa boca.En aquel entonces, no sabía su nombre.—Michael —dijo él, como si le estuviera leyendo el pánico—. Michael Kaelen. El hermano menor de James. El que no aparece en las fotos de prensa.La gala de compromiso giraba a su alrededor. Arañas de cristal. Doscientos invitados. Su futuro esposo, James, estaba al otro lado
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