Silvio miró fijamente a Paula: —No he dicho que te abandone, sigues siendo mi hermana, eso nunca cambiará en lo absoluto.
—Entonces, ¿por qué Elie no me deja entrar a comer? ¡ Es como si no le diera dinero! — Paula se quejó con gran tristeza. —¡Incluso le rogué, simplemente me gusta la comida que hace Elie!
—¿Piensas que te haré yo los platos para ti? ¿Realmente, quién te crees que eres?
—¡Elie! — Silvio la miró con gran resignación. —Hazme un favor, deja de hablar. Déjala entrar conmigo.
Al esc