Elena involuntariamente enderezó su cuerpo, sintiéndose algo inquieta como un niño que ha hecho algo mal, con miedo y culpabilidad.
Era Silvio quien la seguía, y la atrapó mirando la pantalla de su anuncio.
No quería mirar atrás.
El viento nocturno soplaba con fuerza, y tal vez debido a la tensión, sentía sus manos temblorosas.
Pero la respiración del hombre resonaba en sus oídos, como si todo su cuerpo estuviera ardiendo. Ella dio dos pasos hacia un lado de manera exagerada y le dijo: —¿Qué hay