El estado de ánimo de Silvio estaba muy mal. Cuando Elena regresó, él escuchó el ruido.
Pero él no quería bajar. Sabía que, al verla, en ese momento no podría contenerse. Seguramente la regañaría y ella seguiría igual de débil como siempre. Solo de pensarlo, se ponía de muy mal humor y no quería verla.
¡Pero estaba demasiado enojado!
Ella era su esposa, su mujer. ¿Cómo podía estar siempre involucrada con ese tal Marcio?
Se oyeron pasos afuera. Sin saber por qué, estaba seguro de que era Elena.