EMMA
Nunca he sido buena tratando de ocultar mi rabia, no cuando sé que lo que me hacen es una injusticia, pero esto está más allá de mis niveles, es decir, siempre he sabido que soy una persona rara, no me gusta la gente, me agrada estar sola y que respeten mi espacio, pero el que se quiera deshacer de mí, mi cuartel, solo porque no me llevo bien con el resto porque ellos me consideran callada, es una aberración.
—¿Me estás escuchando, Emma? —me habla el ministro.
Asiento.
—Sí, mayor.