EMMA
Mis piernas se doblegan ante la presencia hostil que permanece de pie, obstruyendo la puerta, y mirándome con odio nítido, como si le hubiera hecho algo de lo que no me puede perdonar, como si hubiera cometido un grave error irreparable.
—Vete —es lo único que logro decir antes de que comience a mermar el espacio que hay entre los dos.
No obstante, Duncan no se mueve, lo contrario, pareciera como si se hallara perdido en su propio mundo, en su mente retorcida.
—¿Cómo me encontraste?
—N