Olivia
—Por supuesto, solo una cena —se acercó un poco más, el calor de su cuerpo provocó un escalofrío que recorrió mi pecho—. Pero si aceptas, esta no será nuestra casa. La residencia Carter es entre cinco y diez veces más grande que esto.
—Mierda —murmuré, incapaz de imaginar algo mucho más grande que aquel ático—. ¿También tienes un código postal propio?
—Aún no, pero sí tenemos un lago privado.
El chef carraspeó discretamente desde la puerta de la cocina.
—Señor Carter, la cena está servida