Olivia
—Realmente lo has pensado muy bien —dije, inquieta por lo metódico que resultaba todo aquello.
—Nunca entro en una negociación sin una estrategia —acortó aún más la distancia, envolviéndome con su calor—. Y eso nos devuelve al aspecto no negociable de nuestro acuerdo.
Se me quedó la boca seca. —El sexo.
—Sí —su voz descendió a un ronroneo peligroso—. El sexo.
—No soy una prostituta, señor Carter.
—Nunca he dicho que lo seas, pero esto sería un matrimonio en todo el sentido de la palabra,