El teléfono repicó tres veces antes de ser aceptada la llamada.
—¿Si?—í se escuchó la voz de Aimara cargada de una intensa duda.
—Mara soy yo, soy Amaia— dijo con emoción y los ojos se le llenaron de lágrimas.
—¡Amaia por Dios!, ¿estás bien?, me quedé bastante preocupada y aún más preocupada porque ayer no te comunicaste conmigo, padre ha dicho que no tenía de que angustiarme pues estabas bien y seguramente no te comunicarías en algún tiempo mientras te adaptabas a la nueva vida de tu con tu