Nikolay, rey de la mafia rusa, se encontraba en el amplio salón de su mansión, rodeado de parte de su equipo. Las paredes, decoradas con obras de arte carísimas y elegantes cortinas, no podían ocultar la atmósfera tensa que envolvía la habitación. Hombres con rostros serios y miradas afiladas discutían estrategias, mientras planos y fotografías de Amaia, su esposa, se dispersaban sobre la mesa central. Todos completamente dispuestos a jugarse la vida por su rey, por recuperar a su reina.
—Ya fu