Capítulo 101; Supervivencia.
El frío del suelo se había filtrado en cada rincón de su ser, y Amaia no recordaba cuándo había caído en un profundo sueño. Se estremeció al escuchar un grito que la obligó a abrir los ojos. Confusa y desorientada, se encontró en una jaula enorme, metálica y austera. No había ni una cama ni una silla, solo el eco lejano de su propia respiración y el sudor frío que le recorría la frente, le dolía todo el cuerpo. Sin embargo, su mirada se centró en la figura que ocupaba el otro extremo de la jaul