Habían decidido dos semanas de vacaciones.
Después de todo se lo merecían, pero también era uno de los regalos por el cumpleaños de Alice.
—Aún sigo sin creérmelo.—Alice tomó otro trago, se habían pasado un poco con los cocteles, pero milagrosamente la rubia no estaba ebria, sino Robert.—Me está sentando bien el alcohol.
Ella no era de tomar, es que ni se acordaba de alguna vez en su vida haberse emborrachado, le faltaba ese tipo de experiencias y, aunque pensó terminar más ebria que una uva, r