—Guau…—dijo con verdadero asombro, prestando atención a cada detalle en aquella sala y al hombre que se había puesto de pie, con aquella camisa desabrochada en la parte de su pecho, dejando ver un poco su piel. Alice rascó su nuca y giró su cabeza, suprimiendo un bostezo.—Casi te dejo plantado, Robert.—dijo apenada.
—Menos mal que no, estaba a punto de abrir el champán, los regalos y bailar yo solo.
—¿Bailar?—Dio unos pasos hacia él.—¿Sabes bailar?
—¿Está cerrada la puerta de tu habitación?—par