―¿Vendrás conmigo o te quedarás con él? ―dijo Viktor con molestia, abriendo la puerta para mí.
Apesadumbrada entendí que el día de asesorías había terminado. Ignorando su mala actitud, regresé sobre mis pasos, llegando ante el señor Volkov que en silencio se torturaba con las palabras de su hijo.
―Gracias por la clase de hoy ―dije con una sonrisa tierna, queriendo consolarlo, pero sin saber cómo. Sin que se lo esperara, lo abracé con ternura, como hubiera hecho con mi padre si hubiera sido por