La cabeza me daba vueltas, me sentía mareada e incluso con ganas de vomitar. Eché un vistazo y me di cuenta de que ya no estaba en el cementerio. Mi cuerpo tembló, víctima de mis traumas y peores recuerdos. Estaba en esa maldita habitación en la que había crecido. Estaba en la casa de Basim. ¿Cómo había llegado?
Intenté levantarme, pero el cuerpo me dolía. La adrenalina se volvió escasa y mis músculos se enfriaron. Era como si mis articulaciones fueran bisagras oxidadas que rechinaban al mover