VIKTOR
Veía atento las placas en el negatoscopio, como si en verdad pudiera ver lo mismo que el doctor veía. La mano de Layla se aferraba a la mía, ansiosa por escuchar la interpretación de los estudios.
―Es un milagro que su columna siga unida, señor Volkov… ―dijo el doctor pensativo, mientras su mirada seguía analizando las imágenes―. Los golpes que recibió, aunados al escaso reposo y nula atención médica, han derivado en una complicación severa.
―Vaya al grano… ―Mi paciencia se estaba acaba