Aitana dudó sin entender porque a él de repente parecía importarle esto lo suficiente como para insistir, pero ella sentía que si él llegaba a hacer algo las cosas en lugar de mejorar podrían empeorar para ella aún más y él no se preocuparía por eso.
Al ver las dudas y el nerviosismo en ella, Dominic acunó su mejilla y su mirada se suavizó al decir: — Aitana yo soy la máxima autoridad aquí, así que sin importar quién te haya lastimado debes decírmelo para que pueda ayudarte a resolverlo.
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