PILAR
He llegado a la conclusión de que mi libido me conoce mejor de lo que yo misma me conozco. Metí mi perfume en el bolso antes de salir de casa esta mañana, algo que jamás había hecho. No es sino hasta que salgo de la ducha en el gimnasio privado de Mario, limpiándome superficialmente de las cosas divinamente sucias que me hizo con Francisco a solo unos metros de distancia, cuando comprendo el porqué.
Mario huele a gloria y a pecado, y solo mi propio aroma puede desenredarme de él ante los