Tres meses después
Acostados en la inmensa cama de la habitación que tanto disfrutaban. Leonel con su cabeza en el vientre de Noelia. Deseoso de poder escuchar o sentir un movimiento de su hermoso tesoro, sólo había alcanzado a sentir dos y ahora su caza era constante.
Noelia disfrutaba de cada caricia que le daba a su barriga, en ocasiones quedándose totalmente dormida.
En esos tres meses, Noelia era tratada como la reina que era. Cada antojo y cada cambio de humor lo soportaban como si nada.