Horas después y ya estaba por llegar la noche; Noelia no solo se saltó el desayuno, también el almuerzo y si no fuera porque su teléfono seguía sonando, se saltaba hasta la cena.
Sus ganas de seguir durmiendo, tenía más poder que el hambre que tenía.
Adormilada tomó su teléfono sin ver quién era, solo deseaba saber quién molestaba su preciado sueño.
Llamada
—¿Dónde está, señorita? —preguntó la persona del otro lado.
—¿Quién habla? —contestó Noelia en un susurró.
—Leonel... —Susurró él.
—No cono